La histeria periodística se torna cada vez más pedante, las provocaciones de unos y las victimizaciones de otros; los monopolios, el gobierno y en el medio, ¿quién sino?, los habitantes de este bendito país que día a día salen de sus hogares con distintos destinos, con distintos motivos, con distintas esperanzas. Pero hay algo en común que tienen todos y hoy parece ser un tema central que es la información o desinformación a la cual los ciudadanos comunes tienen acceso.
No falta mucho para que la eliminación de la desinformación actual se concrete y podamos tener una comunicación más amplia de la realidad, la cual en estos momentos se cocina desde las oficinas de los gerentes de los grandes medios, armando su agenda del día y transgiversando la existencia de la verdad. El cambio puede ser muy extremista y no estamos acostumbrados a las modificaciones tan rotundas. Esto significa que en la transición puedan quedar dudas y disconformidad respecto a quienes nos comunican y de que manera, "El que se quemó con leche, ve a una vaca y llora" decían las abuelas, pero es normal esa desconfianza después de darnos cuenta que hemos vivido con vendas en los ojos durante mucho tiempo.
Hoy se observa que otras voces aparecen, también vuelven a escena otras que después de 20 años habían sido censuradas, como la excelente periodista de Canal 13 Liliana López Foressi, muy crítica en los años menemistas, que en una especie de condena eterna fue expulsada de los medios hegemónicos a cambio de que el gobierno, en aquellos años, de Carlos Menem, logre el silencio del controvertido Patricio Kelly tras haber denunciado en un programa de la "señora" Mirta Legrand la irregular adopción de los hijos de la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble. Hoy tenemos la posibilidad de escuchar las opiniones de esta periodista, compartidas o no, pero se escuchan y eso es lo importante.
Cuando algunos periodistas recurren al temor como "último manotazo de ahogado" para seguir sirviendo de sostén a empresas monopólicas, lo que consiguen lamentablemente es desprestigiar la profesión periodística. Si la mentira o la autocensura son parte del periodista ya no hay más nada que decir, el miedo es parte de ese "profesional" y su credibilidad será la encargada de atemorizar al hombre verdaderamente.
Manuel Zurita
martes, 4 de mayo de 2010
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